Todos creen que uno hace algo nuevo cuando se hace,
como si fuera la gran cosa hacer lo que se hace,
como si por eso se detuviera el tráfico,
como si por eso las golondrinas dejaran de traer el verano,
como si por eso los abrazos llegaran a significar algo.
Lo nuevo, siempre ha sido y será para los ojos de los ausentes,
que logran hallarse en los céspedes de las frases, no dirigidas a nadie realmente.
pero cuando la moneda se quiebra al echarse al aire,
¿Cómo puede haber algo nuevo, si las palabras pierden sustancia?
y la realidad se vuelve inverosímil, desvanecida, y deshabitada;
como si fueran las casas de los soldados que se van a la lejana guerra...
de sus conciencias.
La moneda se quebró, es cierto,
pero ni siquiera por eso se cayó la bolsa de valores,
ni los barcos de papel dejaron de salir
al alta mar de los ojos, de niños que jamás despertarán de tanta puericia,
ni con la muerte...
Lo nuevo, ni las monedas, ni los barcos, le importan a nadie,
ni se detiene el mundo realmente,
pero cuando rompiste mi corazón,
no se quebró el mundo,
pero se acabaron los espacios siderales,
se acabaron los aromas de las flores plásticas que te regalé,
se cayeron las estrellas, de esas que dejan un hollín dorado,
en la memoria.
No pasó gran cosa,
No se detuvieron las prensas,
pero la tinta de mi sangre escribió con desdén,
en la melancolía de mis sienes... tu ausencia.
Pero basta ya de lamentos, que esto pase invisible,
por que ¿para qué detener mis labores,
si mis brazos desprendidos,
te los llevaste pegados a tu espalda ex-abrazable?
¿para qué desgastar mis mañanas con la ronquera
de la libertad asquerosa que me dejaste?
¿Por qué y para qué?
Respiro profundo,
y es en este hondo momento,
eterno como una caída infinita,
cuando le digo al taxidriver,
que me lleve al borde del libro,
para dar vuelta la página.
viernes, 8 de junio de 2012
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