domingo, 3 de junio de 2012

Ave de paso

Blanca paloma, eres la sombra de la negra noche,
Dulce como las melodías de cuna,
Sutil como carámbanos de miel, en las cuevas de la antártica,
Generosa como el aroma de lavandas tras la lluvia de abril.

Viniste de pluvionivales tierras, a deambular como fantasma,
en los susurros de nuestra existencia crepuscular,
recorriendo los laberintos de mis huellas,
te volviste el diapasón de mis días.

De un pedacito de luna, naciste otra vez,
y dibujaste senderos de espuma con tu mirada, hasta perderte de infinito.
¿Dónde dejaste tu cuerpo, si tu esencia está en todas partes?.

Silente de presencia, salí a buscarte a las calles,
pero jugabas a la escondida,
y cada esquina era una excusa, para la risa pluricorde.
Mientras tanto, la vida se nos iba en el misterio.

Pero eras un enigma momentáneo, una nube sin brújula,
y te perdiste muchas veces dentro de ti, y yo contigo.
De ahi, surgieron muchos mapas de sinceridad, y de la lluvia nos albergamos,
nos conocimos y nos encontramos.
Entonces la verdad surge, que uno nunca se pierde cuando está en casa.

Ya no había más que celebrar tu venida a estos terruños,
y en carruceles de colores nos separamos,
tú volviste a tu luna,
y yo a ese pequeño espacio, que hay entre dos eternidades; la vida... con olor a dulce mar.




No hay comentarios:

Publicar un comentario