Vuela, alea,
revolotea,
Silueta de ala de
cartón,
recortada del
silencio, al silencio,
dulce hostia de la
primavera que llegó.
Las estrellas vinieron pegadas
a los ojos cóncavos de
la espesura siniestra,
por que no abarcaran
esas noches convexas,
en deseos de mirar más
allá de las alboradas.
En arrollos
despertaron los sonidos,
que hicieron
latir en nido de susurros,
de colores desgranados
hicimos los terruños,
y del agua, espejos de
momentos vividos.
El reflejo de mis días
hicieron nacer, dormidas
las ganas de sorber
toda la dulzura del trigal,
cuando se cultiva con
cariño y con manos que hacen pan,
no interesa que las
veletas cambien, o se hallen detenidas.
¿Será que no hay
silueta, ni ala, ni trigal ni convexidad?
cuando la primavera se
acaba, parece no volver a empezar,
y tus soles jamás saldrán
por mis abrazos de cariño circular,
¿O será que los
labriegos ya no cavarán su concavidad?
Pero sé, que el
florecer, se escribe en las ramas del destino,
con tintas
subterráneas, de bosques que no me muestra,
el secreto que la
primavera de mi vida y su camino,
se nutre al
saber, que tú, eres mi savia maestra.

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