Extiendo mi ojos sobre esta luz que me ofrecen las contingencias presentes y me doy cuenta que nuevamente estoy aqui donde me encontraba. Este inicio es siempre comienzo de un delgado trazo de existencia que no se decide a terminar, y ya que estamos frente a este río, que siempre fluye, pero que nunca es el mismo, genuflexo la existencia y miro mi reflejo sobre el agua.
Mi puño cayó fuerte sobre imágenes que no pude golpear, que nunca puedo. Del cementerio que no nombré, además vinieron a ver el agua todos los muertos que de alguna parte conocía, pero ya no tuve miedo. Los tiempos han cambiado mucho, todos los días hay sol, todos los días hay luna, en sonidos y silencios que dentro de mí. Entonces saqué mi guitarra y comencé a cantar. Cantarina mis cuerdas, mis manos apertaron la tierra. Sorví en agua la esperanza, estaba entonces sentado con todos.
Abrí de mí el pasado. En un pliegue de los pergaminos, despunté verguenza. En la sombra de las hojas escondí temores. En los bordes sabía que habían cosas inconclusas, pero también pude seguir con mis dedos seguridades que siempre se están construyendo. He tomado muchos oficios esta vida; ceramista de alegrías ajenas, bufón de cariños, pugilista con puños de miedos, voceador de buenas nuevas, intelectual de burdel, seductor del conocimiento, aventurero de preguntas, incrédulo religioso, bebedor de esperanzas, amigo de ausencias, constructor de papeles, ahorcado de bilis nígra, guitarrista de furias, emperador de teorías, espadachín contra la pared; en suma, "un loco".
Sí, pero mi término no es para justificar-me desde la absurda incomprensión del mundo para con quien suscribe, eso lo he visto, aún lo siento deleznable quizás porque tiene un gusto conocido, lo he hecho. He sido, soy y seré un loco; he estado en el mismo banquillo el cual analizamos cada semana con mis camaradas; cada día me hago de más herramientas, y armas muy filudas para diseccionar con mayor precisión a los materiales de estudio de los cuales muchas veces hacemos comidillo, no sin mayor decepción. No estaré nunca de acuerdo con la normalización de las posibilidades humanas. Hoy creo más firmemente que disto de la posición sin crítica; la deconstrucción activa ha permitido construirme, y esa es la única certeza que se actualiza en mi currículum.
-"Qué va a saber usted de mí, si ni yo me conozco". Dice el paciente cuando cobra valor
Sin embargo la crítica asusta, es un terremoto a los egos, y a los pilares fundantes de las grandes corrientes teóricas; en la práctica encontramos sentido en los mismos abalorios que nos creamos para aguantar lo que nos hace sufrir, lo que nos hace temer; la vida.
El loco, hijo de la violencia simbólica, es quien suscribe, quien lee, quien decide declamar en la plaza pública prendiendo un farol en pleno día; ser loco es tomar perspectiva; es un asunto de roles, es ser ciudadano de la mente, pero también es ser actor político; el loco es además siempre desde fuera, una nominación agresiva desde el temeroso; y asi cobra nombres como xenofobia, preso político, mujer, negro, pobre, inculto, extranjero, alter; proyecciones y transferencias sin el valor de autoproclamarse.
El agua sigue corriendo, y mi reflejo se diluye entre mis dedos, al querer recoger los fragmentos del presente.
-¿Usted consume drogas?
-¿Consume algún medicamento?
-¿Hace cuanto que sufre de jergafasia, ideas delirantes, pensamiento autístico?
Entonces abrí los ojos y estaba sentado en una gran sala, al frente de un joven flaco y paliducho. Había gente con el entrecejo fruncido anotando hasta las pausas de mis respiraciones en sus libretas.
-¿Hace cuanto que padece dichas alteraciones?
-Usted se equivoca joven, al suponer que padezco lo que dice (oh, oposicionismo!)
-¿Qué parece entonces según usted?, y sépase que lo respeto mucho, soy su admirador, su fan. (oh, qué bien maneja la entrevista, eximio!)
-Yo padezco si, algo grave, mucho más grave (oh, delirio místico, despersonalización!)
-¿Y qué cree usted en su ingenuidad de enfermo deleznable?
-Padezco, sí ... la vida (...mutismo crónico del que recien escucha).
Después de eso me paré, y lo miré, como tratando de herirlo con mi quietud. Entonces me dirigí al patio, era la hora de mi pastilla existencial, las voces lo mandaron, ¡qué iban a saber estos sordos!.
Mi puño cayó fuerte sobre imágenes que no pude golpear, que nunca puedo. Del cementerio que no nombré, además vinieron a ver el agua todos los muertos que de alguna parte conocía, pero ya no tuve miedo. Los tiempos han cambiado mucho, todos los días hay sol, todos los días hay luna, en sonidos y silencios que dentro de mí. Entonces saqué mi guitarra y comencé a cantar. Cantarina mis cuerdas, mis manos apertaron la tierra. Sorví en agua la esperanza, estaba entonces sentado con todos.
Abrí de mí el pasado. En un pliegue de los pergaminos, despunté verguenza. En la sombra de las hojas escondí temores. En los bordes sabía que habían cosas inconclusas, pero también pude seguir con mis dedos seguridades que siempre se están construyendo. He tomado muchos oficios esta vida; ceramista de alegrías ajenas, bufón de cariños, pugilista con puños de miedos, voceador de buenas nuevas, intelectual de burdel, seductor del conocimiento, aventurero de preguntas, incrédulo religioso, bebedor de esperanzas, amigo de ausencias, constructor de papeles, ahorcado de bilis nígra, guitarrista de furias, emperador de teorías, espadachín contra la pared; en suma, "un loco".
Sí, pero mi término no es para justificar-me desde la absurda incomprensión del mundo para con quien suscribe, eso lo he visto, aún lo siento deleznable quizás porque tiene un gusto conocido, lo he hecho. He sido, soy y seré un loco; he estado en el mismo banquillo el cual analizamos cada semana con mis camaradas; cada día me hago de más herramientas, y armas muy filudas para diseccionar con mayor precisión a los materiales de estudio de los cuales muchas veces hacemos comidillo, no sin mayor decepción. No estaré nunca de acuerdo con la normalización de las posibilidades humanas. Hoy creo más firmemente que disto de la posición sin crítica; la deconstrucción activa ha permitido construirme, y esa es la única certeza que se actualiza en mi currículum.
-"Qué va a saber usted de mí, si ni yo me conozco". Dice el paciente cuando cobra valor
Sin embargo la crítica asusta, es un terremoto a los egos, y a los pilares fundantes de las grandes corrientes teóricas; en la práctica encontramos sentido en los mismos abalorios que nos creamos para aguantar lo que nos hace sufrir, lo que nos hace temer; la vida.
El loco, hijo de la violencia simbólica, es quien suscribe, quien lee, quien decide declamar en la plaza pública prendiendo un farol en pleno día; ser loco es tomar perspectiva; es un asunto de roles, es ser ciudadano de la mente, pero también es ser actor político; el loco es además siempre desde fuera, una nominación agresiva desde el temeroso; y asi cobra nombres como xenofobia, preso político, mujer, negro, pobre, inculto, extranjero, alter; proyecciones y transferencias sin el valor de autoproclamarse.
El agua sigue corriendo, y mi reflejo se diluye entre mis dedos, al querer recoger los fragmentos del presente.
-¿Usted consume drogas?
-¿Consume algún medicamento?
-¿Hace cuanto que sufre de jergafasia, ideas delirantes, pensamiento autístico?
Entonces abrí los ojos y estaba sentado en una gran sala, al frente de un joven flaco y paliducho. Había gente con el entrecejo fruncido anotando hasta las pausas de mis respiraciones en sus libretas.
-¿Hace cuanto que padece dichas alteraciones?
-Usted se equivoca joven, al suponer que padezco lo que dice (oh, oposicionismo!)
-¿Qué parece entonces según usted?, y sépase que lo respeto mucho, soy su admirador, su fan. (oh, qué bien maneja la entrevista, eximio!)
-Yo padezco si, algo grave, mucho más grave (oh, delirio místico, despersonalización!)
-¿Y qué cree usted en su ingenuidad de enfermo deleznable?
-Padezco, sí ... la vida (...mutismo crónico del que recien escucha).
Después de eso me paré, y lo miré, como tratando de herirlo con mi quietud. Entonces me dirigí al patio, era la hora de mi pastilla existencial, las voces lo mandaron, ¡qué iban a saber estos sordos!.
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